Imagina por un momento que tu cuerpo es un libro. Cada síntoma, cada dolor, es una página escrita con experiencias, emociones no resueltas y mensajes que, quizás, has ignorado durante demasiado tiempo. La cistitis no es la excepción.
Más allá de la inflamación, del ardor y la incomodidad, esta afección es un recordatorio urgente de que algo dentro de ti necesita ser atendido.
Nuestra mente y nuestro cuerpo no están separados; son dos caras de la misma moneda.
Durante años, la medicina tradicional ha tratado los síntomas físicos sin prestar demasiada atención a su raíz emocional. Pero ¿y si nuestras emociones fueran las verdaderas mensajeras de nuestro bienestar? ¿Y si cada síntoma fuese una llamada de atención para cambiar algo en nuestra vida?
Francisco Moya, médico radiólogo y fundador de la Medicina de la Persona, sostiene que «la enfermedad es la gota que colma el vaso emotivo». Considera que no es algo aislado, sino la consecuencia de un cúmulo de emociones reprimidas que, al no encontrar salida, terminan manifestándose en el cuerpo.
Y, en el caso de la cistitis, esas emociones tienen mucho que decir sobre los límites, la invasión y el espacio propio.
La cistitis es la infección urinaria más común y afecta especialmente a mujeres en edad fértil. A diferencia de la común, que suele tratarse con antibióticos al ser causada por una bacteria, la cistitis intersticial o síndrome de vejiga dolorosa no tiene un origen infeccioso conocido y es crónica, ya que no responde a los tratamientos convencionales.
Más allá de su explicación médica, diversas investigaciones mostraron el impacto del estrés en su desarrollo.
Este trabajo del Departamento de Urología de la Universidad de Michigan destaca la importancia de explorar los aspectos emocionales en el tratamiento de la cistitis intersticial. Sugiere que el estrés juega un papel fundamental en la comprensión profunda de la enfermedad y subraya la necesidad de abordar las emociones subyacentes en el tratamiento de esta condición.
El campo científico demostró de manera contundente que el estrés prolongado no solo debilita el sistema inmunológico, sino que también altera la forma en que nuestro cerebro procesa nuestro comportamiento y estado de ánimo. Así, una persona que lidia con altos niveles de ansiedad o pensamientos recurrentes sobre el pasado y el futuro puede volverse más vulnerable a afecciones como la cistitis.
La psiquiatra Adriana Schnake, en su libro La voz del síntoma, explica que los órganos afectados por una enfermedad suelen estar ligados a un conflicto emocional específico.
En esa línea, si observamos la naturaleza, veremos que muchos mamíferos marcan su territorio con la orina. Es una forma de establecer límites, de decir «esto es mío».
Siguiendo la argumentación de la Dra. Schnake, podríamos explorar una asociación entre la cistitis y conflictos emocionales relacionados con el territorio. Quienes la padecen pueden estar sintiendo una invasión en su espacio personal, tener miedo a la soledad, experimentar dificultades para poner límites en sus relaciones, etc.
Cuando las creencias sociales chocan con las necesidades emocionales o instintivas, el cuerpo puede responder con malestar físico.
«Atreverse a establecer límites, se trata de tener el valor de amarnos a nosotros mismos, incluso cuando corremos el riesgo de decepcionar a otros.»
Brene Brown
Al mirar la función biológica de la vejiga, observamos que es la encargada de expulsar lo que ya no necesitamos. En tal sentido, la cistitis podría estar reflejando un conflicto interno sobre qué soltar y expulsar, y qué retener.
Esto podría estar relacionado con la dificultad para expresar lo que realmente queremos o con la sensación de que nuestra intimidad está siendo vulnerada.
Nuevamente, podrías retomar el enfoque de las preguntas anteriores:
La investigación colombiana Aspectos psicológicos asociados a la cistitis intersticial muestra que es esencial abordar los factores psicosociales que afectan a los pacientes con cistitis.
Propone que el tratamiento no se centre solo en los síntomas clínicos, sino que incluya la salud mental, la historia de vida y las condiciones médicas de cada paciente. Trastornos como la ansiedad, la depresión y el estrés postraumático influyen en la percepción del dolor y agravan los síntomas.
Las experiencias que vivimos de niños dejan una marca profunda en nuestra manera de relacionarnos con el mundo.
Las lealtades invisibles y las herencias afectivas que traemos de nuestra historia familiar pueden tener un impacto en la salud física. Podrían ser factores clave a la hora de comprender afecciones como la cistitis.
Crecer sin sentirse reconocido entre múltiples hermanos; una mamá que nunca tuvo una casa para brindar cobijo a sus hijos; un papá que se vio obligado a vivir con los suegros por no poder ofrecer un hogar independiente, son algunos ejemplos de situaciones que pudieron generar la percepción de falta de control del espacio propio.
Estas vivencias pueden permanecer en nuestro inconsciente y manifestarse en la adultez como dificultad para establecer límites, miedo a la soledad o la sensación constante de que nuestro espacio personal está amenazado.
Si reconoces en ti alguna de estas emociones, es importante que sepas que hay formas de transformar esta realidad. Para ello, es fundamental sumarle a los tratamientos médicos herramientas de intervención que aborden los aspectos emocionales que podemos encontrar en la raíz de los conflictos.
El estudio Estrategias de afrontamiento en pacientes con cistitis intersticial: relación con la calidad de vida y la depresión muestra que las personas con cistitis intersticial tienden a expresar sus emociones a través de los síntomas corporales. Pero también demostró que cuando comienzan a reconocer y expresar sus emociones en lugar de reprimirlas, experimentan mejoras significativas en sus relaciones interpersonales y, en muchos casos, un alivio notable de los síntomas.
«Cuando se sabe decir que No, el Sí tiene un sabor muy distinto.»
Alejandro Jodorowsky
Aristóteles decía: «Enojarse es fácil. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso sí que es difícil».
Y tenía razón. Aprender a observar nuestras emociones más primitivas, a poner límites y a escuchar lo que nuestro cuerpo nos dice no es sencillo. Pero es necesario.
La cistitis, como cualquier otro síntoma, no es un castigo ni una casualidad. Es una oportunidad. Una señal de que es momento de mirar hacia adentro y hacer los cambios que tu alma viene pidiendo.
No ignores su mensaje. No calles la voz de tu cuerpo. Porque, cuando comienzas a escucharla, te das cuenta de que siempre ha estado ahí, esperando que le prestes atención.
Y en ese momento, comienza la verdadera sanación.
Si quieres seguir profundizando sobre este tema, puedes acceder a este material en nuestro canal de Spotify y de YouTube:
En este pódcast, David Corbera explica que el cuerpo es una ventana al inconsciente que nos permite descubrir la información que nos está influyendo sin darnos cuenta, para poder transformarla y recuperar nuestro equilibrio interno. ¿Estás dispuesto/a a reconectar con tu cuerpo?
En este video, Enric Corbera aborda de forma sencilla y dinámica, y a su vez rigurosa y profunda, las claves para recuperar la capacidad de potenciar nuestro bienestar físico, mental y emocional. ¿Te has planteado hasta qué punto tus emociones influyen en tu salud?
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